jueves, 1 de noviembre de 2012

Los movimientos sociales y la violencia política a través de los medios de comunicación empresariales.




            Para algunos teóricos la violencia política que históricamente se ha presentado en Chile tiene antecedentes claros y definidos recién a partir de la influencia que tuvo en Latinoamérica la Revolución Cubana, por sobre otras situaciones como la acumulación de experiencias durante siglos de resistencia popular e incluso la historia del siglo XX con la Revolución Rusa, así que socialistas y comunistas se enfrentaron a un “ contexto histórico internacional y nacional, (donde) los dos únicos partidos chilenos que habían sumido con altos y bajos la doctrina de la lucha de clases, definiendo la violencia como método de acción política y la dictadura del proletariado como objetivo, enfrentarán un nuevo desafío: la Revolución Cubana” (Arancibia, P. 2001 p.20). De este modo se habría sistematizado una manera de alcanzar el poder por medio de la lucha armada como política de Estado. Esta visión es comúnmente justificada por los medios masivos de comunicación chilenos con la finalidad de responsabilizar de la violencia política a influencias externas, caracterizadas como contrarias a las ideologías liberales que ellos profesan.

“Como se ha visto, si bien durante la primera mitad del siglo XX la violencia política en Chile estuvo vinculada teórica y prácticamente a la formación del Partido Comunista, cuyo actuar siguió las directivas de la III Internacional para luego adoptar las estrategias de “coexistencia pacifica” y del socialismo en un solo país”, a partir de los años 60 un hecho de importancia regional habría de inaugurar una nueva y trascendental fase en la historia de la violencia política en Latinoamérica y Chile: el triunfo de la Revolución Cubana, Fidel y el Che, los grandes lideres del movimiento revolucionario, redefinieron la lucha armada convirtiéndola en una política de Estado y de partido, exportable a todos los continentes tercermundistas. (Arancibia, P. 2001. p.20)


Mientras que historiadores como Gabriel Salazar plantean una sistematización de la clase popular que se ha constituido durante dos siglos como la masa mayoritaria de la sociedad nacional y, aunque jamás haya sido considerada teóricamente como corpus central  dentro del estudio social, ha provocado manifestaciones políticas tan complejas que ha terminado confrontándose en forma de necesidades frustradas de la clase popular que han logrado amenazar la estabilidad de la institucionalidad nacional, acumulándose conocimientos y memorias que desencadenan en movimientos sociales difíciles de delimitar .

“Ni a las tendencias históricas ni a los movimientos sociales se los puede combatir con una estrategia de guerra geopolítica concebida sobre un acotado campo de fuerzas. Simplemente, porque unas y otros tienen capacidad infinita de autoreproducción. Son tejidos que se autorregeneran. Se puede, en consecuencia, conducir su desarrollo, pero no eliminar la fuerza de su latencia  permanente: una fuerza que sólo obedece a una configuración positiva, no a un antagonismo negativo. De aquí que un “actor protagónico” puede ser, por la violencia, rebajado a la calidad de una mera “identidad social”, y aún ésta rebajada a la abyecta calidad de “masa disponible”, hasta perder toda referencia posible a un marco estructural que dé sentido a un proyecto histórico ; pero aún así no desparece el instinto de movimiento, el latido de una vida histórica elemental, respecto de la actual la actitud VPP (violencia política popular) es casi siempre la forma política más a la mano y más lógica. Con tanta mayor razón si, en torno a esa vida elemental, permanecen alertas la memoria histórica, diversas instancias de educación popular y formal, la militancia de base busca recomponer la ecología social de su identidad activista, y el mismo acosante Estado “históricamente irresponsable de todo” (Salazar, G. 2006. p.281)

            Podemos complementar lo propuesto con la constatación historiográfica que propone la idea de que muchas de las manifestaciones populares que se ven estos días siguen coincidiendo con aquellas formas de protestar que los sectores populares levantaban como formas de intervención, igualmente validas aunque fueran violentas, contra la propiedad publica y privada de la oligarquía del siglo XIX.

En toda situación de conflicto social, los aspectos que más preocupaban a la élite dominante y a sus medios de comunicación social, la constituían los sectores populares y sus formas de intervención violenta contra la propiedad pública y privada y contra el aparato de seguridad del Estado- la policía y el ejército-. Era dicha conducta violenta la que amagaba la estabilidad social y proyectaba situaciones de desorden institucional que era necesario contener. La presencia de las turbas populares en el centro cívico, amagando los locales comerciales y los recintos que cobijaban al poder, o las bandas de campesinos armados que saqueaban las propiedades de la oligarquía hacendal, comenzaron a transformarse en un fenómeno complejo, difícil de resolver para la élite. (Goicovic, Igor. 2004. P.11)

            En el período de guerra fría las movilizaciones (resistencia de las dictaduras militares, crisis económicas, ollas comunes, manifestación anti carestía y reformas universitarias) motivan, según Salazar y Pinto (1999),  a una “explosión” de la base social en Latinoamérica, esto contrario al común denominador de lo que fueron las protestas obreras y movimientos sindicales de finales del S. XIX y comienzos del S. XX. Ya a partir de las manifestaciones estudiantiles de Mayo del 68 que los sociólogos utilizan el término movimiento social. Esta es la base de donde se acuña el concepto que generaría gran debate teórico en su momento y con variados matices dados en el tiempo.

La nueva movilización ciudadana muestra autonomía (no está manipulada por el Estado, ni por partido político, ni por caudillos), convergencia espontánea de actores sociales de presencia nacional (estudiantes, pobladores y profesores, sobre todo, con apoyo parcial de sindicatos, empleados y otros sectores). Está animada por una cultura social autogestionaria con 35 años de desarrollo… Pero está a medio-camino. Necesita ampliar su articulación de actores y definir un itinerario de empoderamiento continuo. El movimiento estudiantil es el que trae el mayor bagaje de temas ‘soberanos’ (la autogestión juvenil viene ‘asesorada’ por las nuevas ciencias históricas y sociales, que han elaborado una gran “caja de herramientas” sobre la realidad chilena, que no existía en 1970) junto a una decidida voluntad de cambio. [1]

            Tomando en consideración estas aclaraciones históricas se debe precisar que al momento de plantearse frente a la violencia social y a la menos caracterizada como violencia política, la que se ha presentado en las calles durante estos últimos meses en Chile, se desconocen las razones historiográficas de las manifestaciones sociales violentas, ya sea como forma de reivindicación política o como llamado de atención ante la impotencia de jóvenes molestos y enrabiados con el sistema hegemónico dominante  que les presenta una estructura de desigualdades insoportables. Basándose por ello en las defensas de aquellos que no han tenido la oportunidad de defender sus posturas en medios de comunicación que se organizan para criminalizar sin mayores cuestionamientos a quienes toman tan compleja decisión de resistencia ante el sistema que les oprime.

“En cada ocasión que los estudiantes y las organizaciones populares se movilizan en el espacio público, los medios de comunicación al servicio de las clases dominantes chillan al unísono: ¡Violencia! Se suceden las imágenes de jóvenes encapuchados que levantan barricadas, arrojan piedras sobre la fuerza pública y destruyen parte del equipamiento urbano. Los conductores de televisión, los reporteros en la calle y una variada gama de opinólogos condenan rápidamente los hechos. Se suceden sin ningún rigor conceptual anatemas tales como: “Violentistas”, “terroristas”, “anarquistas”, “lumpen”, “delincuentes”, etc. Pero nadie, no obstante, se ha preocupado de analizar de manera rigurosa las causas que precipitan la comisión de los actos violentos y mucho menos se ha intentado explicar el profundo trasfondo político que subyace a este tipo de protesta.
Quienes protagonizan este tipo de manifestaciones son personas (mayoritariamente jóvenes populares), profundamente molestas con el sistema de dominación de clase existente actualmente en el país. Están molestos con el modelo económico que los explota a ellos, a sus hermanos o sus padres; están molestos con la estructura inequitativa de la sociedad que condena a una parte importante de la población a la miseria o al endeudamiento crónico; están molestos con la represión policial, que golpea cotidianamente sus poblaciones; están molestos con el imaginario simbólico que recrea un mundo de fantasía que sólo se encuentra disponible para unos pocos privilegiados. Existe un largo acumulado de tensiones, frustraciones y desencantos que se han venido acentuando y que, hoy día, en el marco de las movilizaciones sociales (estudiantiles, medioambientales, indígenas y recientemente de trabajadores), se expresan como rebeldía popular.”(Goicovic,2011)

Para investigadores como Manuel Guerrero persisten los desconocimientos en tanto influencias y justificaciones ideológicas por la sistemática criminalización de estas formas de acción directa que se hereda desde la dictadura.  “Como herencia de la utilización del concepto por parte de la dictadura militar, el terrorismo siempre es referido y relacionado con la izquierda política. A pesar de este uso libertino de la palabra, el concepto de terrorismo en Chile tiene muchas connotaciones no discutidas y destinatarios específicos”. (Guerrero, M. 1999. p.343) Pero el significado de violencia comúnmente es extrapolado y comparado con los conceptos de terror y terrorismo, los que no gozan para nada de claridad teórica en la literatura sociológica, y menos aún en los medios de comunicación, cuando en la prensa  autoridades y personalidades de nuestro país, utilizan el concepto indistintamente para demostrar acciones aisladas o colectivas, como de carácter subversivo, que identifican el uso de la violencia presuntamente como principal modus operandi. De esta manera, el terrorismo en los medios de prensa comparte un gran escenario con violentistas, encapuchados, o incluso grupos paramilitares.

“Cuando se toma el tema de la violencia estudiantil rupturista en su dimensión singular, y se deja de referirla a la herencia de la dictadura en ella, los partidos de izquierda renovados culpan, sin escrúpulos, a su propio pasado, al marxismo, o marxismo-leninismo, como una doctrina obsoleta que conduce al terrorismo, mientras que los partidos de izquierda no renovada culpan al anarquismo de ser la gestora de la violencia ciega y desorientada. En ambos casos se parte del supuesto de que hay ideologías puras del pasado que tienen una relación directa con las acciones del presente (…) Evidentemente que hay influencias ideológicas pero por sobre todo, existe una construcción activa de identidad en estos grupos, que desarrolla sus propios mecanismos de interpretación y producción de ideología. Es clara la diferencia de los actuales colectivos de acción directa con el pasado teórico y practico de la izquierda, del marxismo clásico. No estamos frente a la reproducción de viejos patrones, sino que estamos frente a un nuevo fenómeno ideológico y organizacional, que a pesar de la autorreferencia explicita al carácter de clase del movimiento al marxismo- leninismo, se distancian de manera radical de los postulados de este. (Guerrero, M. 1999. p.349)


El descontento social y las demandas sociales se entienden cuando “en el debate público periódicamente aparecen insatisfacciones acerca de su concepción programática como servicio público televisivo (…)y(…)La audiencia no demanda frivolizar la programación de TV sino que tienen la expectativa que le sirva para enfrentan sus carencias y mejorar sus conductas...”(Fuenzalida, V. 1997.P.233) Frente a los riegos del término de la TV pública y los cambios que se generarían en este modelo por la aparición de la TV privada

“los gobiernos (ante las urgencias sociales) no tenían legitimidad para seguir destinando enormes sumas de dinero a un deficitario sistema televisivo público que tenía decreciente público televidente por cable para disponer de una oferta más amplia y diversificada (...) así que “las medidas correctivas fueron introducir la TV privada abierta, la TV por cable, favorecer las emisoras regionales, fomentar la producción televisiva independiente para que la competencia obligara a la innovación cultural  a bajar costos, y a introducir  financiamiento publicitario parcial en estaciones públicas…” (Fuenzalida, V. 1997.P. 236)

Si bien TVN no tiene fines de lucro, al ser una institución autónoma, es decir que se encuentra al margen de cualquier orientación político- partidista, corporativa, social, económica o religiosa, de todas formas tiene la necesidad de una eficiencia administrativa para autofinanciar su operación y su futuro desarrollo ya que “acorde con la reforma mundial de los sistemas `públicos de TV y con la introducción de televisoras privadas en Chile, la nueva ley obliga a TVN a competir por audiencia y por publicidad en igualdad de condiciones con las que otras empresas televisivas y explícitamente se les prohíbe recibir aportes del estado “ (ley número 19.132 art 24º-28º),  lo que le daría cierta ventaja en cuanto a la posibilidad de pluralismo ideológico , cultural y una información útil hacia los intereses nacionales. (Fuenzalida, V. 1997.P. 239)

            Los procesos culturales en tanto necesidades educativas culturales, diversidad cultural y pluralismo se verán en la TV pública a partir de potenciar estos procesos lo que propone una apropiación al debate de la audiencia. Entendiendo que una programación de servicios públicos únicamente reducida al aspecto de la diversidad cultural y del pluralismo político, siendo indispensable no será insuficiente pues no responde plenamente a las nuevas situaciones histórico-políticas, ni a las necesidades educativas culturales.

“El concepto de industria cultural ha necesitado ser recatado del descrédito y del desprestigio que le atribuyó la escuela de Frankfurt , para quien esta moderna condición industrial parecía abominable. Pero la condición industrial es parte de la puesta en existencia del lenguaje y de la obra televisiva; y el nuevo escenario de internalización vuelve inescapable el asumir el aspecto del desarrollo viable de la industria televisiva…” (Fuenzalida, V. 1997.P. 245)
                        Para llegar a comprender la importancia, relevancia o influencias que conlleva el hecho que los medios de comunicación, tanto públicos como privados, establezcan relaciones de semejanza entre los Movimientos Sociales y la Violencia, abordando ambas, desde un punto de vista negativo y condenatorio, es necesario establecer, a partir de diversas definiciones lo que se entiende por violencia. Por ejemplo, para Edison Otero y Ricardo López (1984), Violencia y Agresión son conceptos coincidentes:

“El término agresión, lo entendemos como un tipo de conducta que causa daño o dolor en un organismo (...) La agresión se expresa de modo corporal o verbal (...) conlleva necesariamente un propósito que puede ser declarado o latente. (...) La violencia, por su parte, es la manifestación abierta, declarada y casi siempre física de la agresión. (...) es la agresión en su expresión o dimensión social. (...) En términos generales, utilizamos el término agresión para referirnos a ciertos comportamientos únicamente en un ámbito interpersonal; en tanto que reservamos el término violencia para la agresión en su expresión social y política.”

                        La violencia es la manifestación abierta de agresión, la cual es una conducta que provoca daño en un Organismo. Si bien, la agresión puede ser física o sicológica, la violencia generalmente se conforma como una declaración física de agresión. Si bien se confunden ambos términos, la violencia se utiliza para expresar la agresión social y/o política, a diferencia de la agresión que se utiliza en contextos interpersonales. Podríamos decir entonces que la violencia conlleva una motivación ideológica, y la agresión no. Ahora bien, la violencia está relacionada con el poder y la fuerza, pero a diferencia de éstas, la violencia necesita de herramientas. Además, cabe destacar que la Violencia ha tenido un papel decisivo en cuanto al desarrollo de la Sociedad y de la Humanidad como tal:

“Nadie consagrado a pensar sobre la Historia y la Política puede permanecer ignorante del enorme papel que la violencia ha desempeñado siempre en los asuntos humanos, y a primera vista resulta más que sorprendente que la violencia haya sido singularizada tan escasas veces para su especial consideración.” (Arendt, 2005). 

            Esto significa que la violencia ha sido necesaria o ha estado presente a lo largo de toda la Historia de la Humanidad, desde los inicios de la sociedad humana, incluso, Roberto Espósito (2009) menciona esta relación existente entre violencia y comunidad: “La violencia entre los hombres no sólo se inicia al comienzo de la historia, sino que la comunidad misma muestra estar fundada por una violencia homicida.” Y algo que cala aún más profundo en la consciencia, es que la violencia no surge por diferencia, sino por igualdad:

“Cuando hay demasiada igualdad, cuando esta llega a afectar al ámbito del deseo y lo concentra sobre el mismo objeto, entonces desemboca inevitablemente en la violencia recíproca (...) lo que produce una violencia insoportable no es un accidente externo cualquiera, sino la propia comunidad en cuanto tal. De hecho, eso que es más común en el hombre: vale decir, la posibilidad de matar y de ser muerto.” (Espósito, 2009)

            Ahora bien, si la violencia es inherente a la comunidad, entonces, ésta no debiese ser escondida, condenada, o rechazada en la manera en la que se hace cuando está justificada por ejemplo, con actos de injusticia, o de eterna explotación que obviamente traen consigo el descontento y el hastío del pueblo y el deseo de organizarse de manera colectiva para acabar con esa opresión. Sin embargo, si están siendo relacionados de este modo, es porque los intereses políticos y económicos ejercen un poder hegemónico en los medios de comunicación masivos, como lo son los diarios, la radio y la televisión.

            La diferencia del Internet, donde el acceso a la información es más diverso, múltiple y de fácil adquisición, resulta casi como la única excepción a los medios de comunicación oficiales, que  abundan. Quizás lo que influye en esta diferenciación no sea tanto cómo los medios entregan la información, sino más bien, de la capacidad crítica que posea el espectador. Ya que muchas veces ésta no se obtiene gracias a una buena educación, algo más determina que existan personas capaces de notar las diferencias e injusticias de las que está llena comunidad humana, realizando segundas lecturas y sabiendo racionalizar el pensamiento crítico.

            Lamentablemente el enfoque principal de los medios de comunicación, con las comparaciones injustificadas entre el movimiento  popular  y la violencia, dan a conocer cuáles son los aspectos más relevantes a la hora de entregar información por parte de los, separando los enfoques en distintas categorías. La primera de ellas será la de la imagen. Se puede concluir que ante la necesidad del medio de comunicación de informar sobre lo más contingente, lo que puede afectar a la seguridad pública, e incluso, lo que llame más la atención para el público, situación que sigue determinada por el rating que genera, en los canales, se abusa de ciertas imágenes donde aparecen encapuchados y disturbios dentro de las notas informativas.

Sin embargo, han existido marchas (o manifestaciones masivas) que tenían gran atractivo para la audiencia, como por ejemplo la marcha del 6 de julio de 20011 o “Besatón” (fuertemente retratado en medios extranjeros), que pudiendo ser potenciadas, pierden protagonismo ante las alusiones al “extremista”, “encapuchado”, etc…, que sin hacer aparición en la actividad ocupa una gran proporción de tiempo por parte de los medios. En el canal público se minimizan los contextos y razones de dicha manifestación y se consideran como sabidas las demandas exigidas, por lo que no se indagaría mayormente sobre las motivaciones de los manifestantes, sólo destacando la novedad performativa de la intervención.

Mientras que en los canales privados puede  observarse que en las notas informativas respectivas, se rescatan otros elementos, en este caso el rechazo de los estudiantes a los anuncios de Sebastián Piñera en cuanto a educación. Es decir, la creatividad de los jóvenes para mostrar su molestia, parecía ser menos importante para el canal privado, que la reacción ante los actos de gobierno. Se destaca que uno de los aspectos más invisibilizados dentro de los medios de comunicación, es el abuso policial en las marchas. Una amplia variedad de videos en la plataforma audiovisuales de información, así como estudiantes y los mismos dirigentes universitarios, daban testimonio de una realidad que no era dada a conocer en su plenitud por los medios de comunicación analizados. De hecho en diversas ocasiones se realizaban denuncias por medios alternativos, que aseguraban que carabineros se hacían pasar por “encapuchados” y que hacían ellos mismos disturbios para posteriormente tener acusaciones contra el movimiento estudiantil. Sin embargo, no fue un tema tocado más que en radios como  Cooperativa o Radio Biobío, y medios alternativos. De hecho sólo cobró importancia cuando el diputado Fuad Chuahin confirmó que el imputado era carabinero.[2]
            Se puede concluir en base al análisis que la figura de poder representada por carabineros representa ella misma una figura de autoridad que sigue sin cuestionamientos las órdenes del Ministerio del Interior.  Por lo mismo, su responsabilidad en la violencia se atribuiría a la necesidad que han tenido de asegurar el orden público. Siguiendo la misma línea, se ha mostrado la propuesta de Ley de Seguridad del estado, presentada por Rodrigo Hinzpeter, como una solución a los disturbios mencionados de manera previa en los noticieros. Cuando se presentan hechos criminales por parte de carabineros, es porque representan delitos evidentes con una investigación detrás. Lo fue el caso de la muerte de Manuel Gutiérrez, joven de 16 años de Macúl, que fue baleado  y dio inicio a una gran polémica, ya que después de haber negado la participación de la policía al momento de confirmar la autoría por parte de un carabinero se destaca un decaimiento de la figura de poder representativa de seguridad.
El ciudadano que no participa de las manifestaciones, por otro lado, se presenta como una víctima, ya que sufre las consecuencias de la marcha, como saqueos y efectos de gases lacrimógenos. Se destaca el noticiero como si se pusiera de su lado para defenderlo y protegerlo del peligro, formando una especie de empatía que podría repercutir en una audiencia fiel a la frecuencia. Otro de los puntos es el político, que está muy  poco presente dentro de la información, aparece tras las marchas, presentando su malestar ante los disturbios y desórdenes después de las marchas. Un discurso que se ve absolutamente contrapuesto con las declaraciones de los líderes estudiantiles que alcanzan un nivel de popularidad mucho mayor. Son figuras que serán explotadas por todos los canales, que se vuelven actores políticos colectivos protagonizando la mayoría de los discursos en los noticieros. 
Podemos decir entonces que el ser un canal público o un canal privado no tiene gran diferencia en nuestro país, ya que ambos se rigen por las leyes de Mercado y además porque los intereses que se ven representados son prácticamente los mismos. No existe oposición en los medios de comunicación. La imagen del encapuchado deja de formar parte del universitario que marcha o del ciudadano descontento, sino que se vuelve un criminal. De hecho abundan las imágenes del encapuchado realizando disturbios y daños en las calles. Uno de los casos emblemáticos es la última marcha del 18 y 19 de octubre de 2011, donde la imagen que fue destacada por los noticieros fue la quema de un autobús. Donde a pesar de no tener ninguna prueba de que los estudiantes estaban involucrados y menos aún de intenciones criminales, ni daño a la gente, se advertía del peligro que éstos podían representar.
La violencia, los estereotipos y el terrorismo en los noticieros televisivos se masificaron y generaron una tendencia desinformativa, donde se han caracterizado por entregar información parcializada  que niega la posibilidad de un debate real para que se presenten por lo menos dos puntos de vista contrarios que discutan las razones de los acontecimientos y que analicen las causas de las reacciones de los manifestantes. Al contrario,  por mantener la seguridad pública y cierta estabilidad política, las acciones son rápidamente criminalizadas antes de cualquier formalización o investigación, en los casos que han sido denunciados. La idea de lucha, la violencia y la manifestación popular dejan de ser fundamentales para el medio, lo que importa para los canales, son las consecuencias inmediatas que la violencia en las calles desatará, aprovechando la atractiva estética que dichas imágenes traen consigo para ganar rating. El morbo es más atractivo que toda denuncia con respecto a la situación social en la cual se encuentra esta sociedad.



Referencias

Manuel Guerrero A (Jan. 1999), Elementos para una comprensión de los colectivos de izquierda estudiantil : encapuchados, violentistas, terroristas? /. En Revista Investigación y crítica. -- --Vol. 1, no.1 p. 343-362.
Arancibia Patricia. (2001). Los orígenes de la violencia política en Chile, 1960-1973. Santiago : Universidad Finis Terrae, CIDOC : Libertad y Desarrollo, 2001.
Salazar, Gabriel. (2006). La violencia política popular en las "grandes alamedas": la violencia en Chile 1947-1987 : (una perspectiva histórico-popular) / Santiago de Chile : LOM Ediciones.
Igor Goicovic Donoso. Consideraciones teóricas sobre la violencia social en chile (1850-1930) en Revista Ultima década.--Vol. 12, no. 21 (2004), p. 121-145. en http://www.archivochile.com/Ideas_Autores/goicoi/goico0001.pdf
Goicovic. Igor. Dr (2011). La Rebelión Encapuchada. Universidad de Santiago de Chile. Directordel Magister en Historia de la Usach. En
http://radioenriquetorres.blogspot.com/2011/09/la-rebelion-encapuchada-igorgoicovic.html
Fuenzalida, Valerio (1997). Televisión y cultura cotidiana: la influencia social de la TV percibida desde la cultura cotidiana de la audiencia. Santiago, Chile: Ed. CPU
Arendt, Hannah (2005). Sobre la Violencia. Madrid, España: Editorial Alianza.
Martí i Puig, Salvador (1999). Los Movimientos Sociales. En: http://campus.usal.es/~dpublico/areacp/materiales/Losmovimientossociales.pdf
Otero, Edison y López, Ricardo (1984). Televisión y Violencia. Santiago, Chile: Ediciones Bravo y Allende.
Espósito, Roberto (2009). Comunidad y Violencia. Madrid, España: Circulo de Bellas Artes
Fernando Carrión Mena* Jorge Núñez-Vega. Revista eure (Vol. XXXII, Nº 97), pp. 7-16, Santiago de Chile, (diciembre de 2006.) * Profesores _ investigadores del Programa de Estudios de la Ciudad de FLACSO-Ecuador.  En: _:www.scielo.cl/scielo.php%3Fpid%3DS0250-71612006000300001%26






[1] [1] Gabriel Salazar. Perspectivas históricas del movimiento social-ciudadano. Columna en The Clinic 06-08-11 en http://www.theclinic.cl/2011/08/06/perspectivas-historicas-del-movimiento-social-ciudadano/
[2] 9 de Agosto del 2011. Se confirma acusación de que carabineros de la Dirección de Inteligencia Policial, se habría hecho pasar por infiltrado, http://www.youtube.com/watch?v=_q0OZHQ4bRM http://www.theclinic.cl/2011/08/09/diputados-pc-acusan-a-carabineros-de-fondear-a-infiltrado-en-el-congreso/

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