lunes, 14 de octubre de 2013

Crítica a “Estética de la Imagen” de Humberto Zaccareli.

El desarrollo de la cultura por medio del arte y la estética en relación con la formación cinematográfica.
            El hombre, como sujeto creador, se desarrollaría en un proceso ascendente de perfeccionamiento, en donde la educación y el arte tienen un rol trascendental. Puesto que el arte no es un fenómeno aislado, ya que la obra de arte es un producto que se nutre de la sensibilidad del hombre inserto en su contexto, así también el educador, inserto en este contexto, cumple el rol de generar el redescubrimiento de sus alumnos hacia los valores representados por el arte, logrando con esta formación educacional hacer captar la belleza hacia modos integrales a través de una adecuada comprensión de los símbolos y la transfiguración artística.
            A través del aporte del artista como educador, o formador cinematográfico particularmente, se buscaría recobrar la sensibilidad de los estudiantes hacia los valores estéticos para combatir la mediocridad de las imágenes que se masifican y naturalizan a través de los medios de comunicación, como el cine comercial y la televisión de mercado, que dejan de lado la formación de los valores de la belleza. Se recomienda por ende una educación integral que considere al arte, la estética y la ética, dentro de sus programas para la comprensión axiológica de los valores trascendentales y de ese modo tomar conciencia de la influencia de la cultura en la vida de los individuos y su relación con el arte.
            Por ende la relación entre arte y cultura implicaría la necesidad de generar los estímulos necesarios en niños y jóvenes estudiantes, motivando la creación en sus diversas expresiones junto con el incentivo hacia el estudio de los diferentes factores que constituyen la Obra Artística o cinematográfica, enfrentando de este modo al estudiante hacia el descubrimiento de la belleza. Se entiende entonces a la cultura como un fenómeno dinámico, activo y renovado, donde el hombre cumpliría un rol fundamental de creación, considerándose como un concreador que conoce, aprovecha y respeta a la Naturaleza.
            Esta concepción altamente humanista se fundamentaría en la existencia de un "creador supremo" de la naturaleza que rodea al conocimiento del hombre y su creación a través del tiempo y del espacio. Se denomina cultura entonces al proceso de humanización del hombre que se realiza mediante la vivencia y el conocimiento de la cultura emulando al creador de la belleza natural. De este modo, la capacidad de valorar la belleza en la obra de arte cinematográfica dependerá del grado de cultura alcanzado por el individuo para trascender y perdurar en su existencia etérea, según una capacidad abstracta denominada espíritu. Pues el sujeto creador se realiza a sí mismo creando algo y buscando siempre en la naturaleza la belleza para re-crearla y de ese modo extasiarse en su contemplación. Esta  inspiración artística (intuición) del hombre, más allá de la contemplación física, a través de su carácter unitario y permanente se ha desarrollado a través del tiempo para apuntar hacia la armonía, (principio universal), donde todos los elementos constitutivos concurren armónicamente a un propósito o finalidad unificadora.
            La educación y la formación integral, particularmente en la disciplina del cine, sería la base para la intuición creativa ya que la culturización permite al ser entender la obra (lo que significa, transmite y transfigura), posibilitando la preparación del sujeto para recibirla. La importancia de la cultura  y de la situación histórica (su contexto) se presenta del mismo modo cuando el hombre cuenta con el goce estético, que produce placer al momento de la captación de lo bello, perdurándose un goce o satisfacción a ser evocado en otro momento, en forma de imaginación, propiciada por la captación de lo bello para entender lo que representa  un símbolo o imagen en su contenido estético, espiritual y universal.
Ya que la progresión lógica del artista transfigura la naturaleza, no sólo mediante conceptos, pues también concrea, da a las cosas creadas una nueva significación, un valor universal que elevaría al hombre, dignificándolo cuando se une espiritualmente con los otros, como forma de ser parte de la armonía del cosmos. Esta consideración teologista-humanista considera que la obra de arte debe entenderse como la visión que se introduce por sobre las líneas y los colores, para profundizar en la forma y en el espacio
            El arte, manifestación expresiva del ser, une lo abstracto con la sensación, el sentimiento con la idea, pero cuando el arte rebaja su entendimiento sólo a las sensaciones y los estímulos sensoriales se vuelve arte instintivo o conceptual. En el cine muchas veces se olvida que además del exterior, deben estar las experiencias presentes en el mundo interior de las que se nutre la sensibilidad del creador. De este modo se va  transformando la dimensión vivencial artística del hombre más allá de la observación directa, madurando la experiencia trascendente en la encarnación de la Obra en la percepción interior. De esta manera la capacitación del educador evitaría las meras apreciaciones sentimentales y subjetivas, alejándose del sentimentalismo. Para identificar los sentimientos humanos particulares de cada obra (sentido de universalidad), los formadores deben contar con una preparación estética para entender la esencia axiológica de lo bello. Por lo mismo quien cumpla la función formativa debería experimentar también la creación.

            La armonía que se trata de compartir a través de la enseñanza artística en la praxis debiera reunir los aspectos técnicos, estilísticos, con los contenidos estéticos de la obra, (la transfiguración y los símbolos) pues la encarnación en los símbolos estéticos hace entender el contenido no  manifiesto que permanece velado a la primera impresión. Pues sólo la operación constante e intencionada provocaría que la intuición axiológica se desarrolle y así se evitaría la desfiguración hacia la publicidad o propaganda en la misma cinematografía que se ha instalado como pragmatismo al servicio de propósitos comerciales antiestéticos.




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